Afloran inesperadamente sin previo aviso
Llegan como una tormenta,
trayendo la lluvia convertida en llanto.
Aparecen tras un malentendido, una discusión, un temor
y acaban convertidos en sin sentidos inútiles.
Se enganchan a nuestra piel,
quedándose instalados en ella como rémoras
sino los echamos a un lado
y los alejamos de nuestro camino.
La verdad que el paciente no sabe que sabe
-
*(Gabriel Rolón)*
“Solo alguien que nunca se psicoanalizó se identifica con sus logros”
“El analista no comprende al paciente. Lo acompaña hasta el bor...
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